
Tauuu, tauuuuuu..., tiu tiu, taauuuuuuuuu…
Era el sonido que se oía cuando Tiburcio afinaba su arpa en una esquina del pueblo.
Al principio Tiburcio estaba solo en esa esquina, pero cuando las personas oían el Tauuu, tauuuuuu..., tiu tiu, taauuuuuuuuu…, todos los que por allí pasaban se iban quedando, atraídos por la sonoridad de su instrumento.
No hacía falta saber si se trataba de alguna serenata o algún cumpleaños, todos se quedaban allí esperando en silencio, ansiosos por que el arpa esté finalmente afinada para empezar el baile.
Tiburcio, era un reconocido arpista Astobambino quien gustaba sobre todo poner a bailar a su pueblo.
La tía Natalia, La tía Adela, la tía Victoria, hasta la tía Reyna eran sus seguidoras que al oír las primeras notas, buscaban sus polleras floreadas y se ubicaban en torno al arpa.
Si la espera se hacía larga, los asistentes le ofrecían a Tiburcio una bebida, luego del cual el sonido de las notas mejoraba y el arpa se ponía en condiciones y la fiesta enseguida empezaba.
Primero una canción, luego otra y otra sin parar mientras los danzantes incansables recorrían bailando las calles.
Pero como es natural, luego de tantas canciones, las notas del arpa sonaban desafinadas y el arpista Tiburcio reiniciaba nuevamente: Tauuu, tauuuuuu..., tiu tiu, taauuuuuuuuu…
Y cuando esta situación ocurría, las tías ya sabían y le daban al arpista otra bebida y las notas musicales automáticamente afinaban.
Es que Tiburcio era un arpista sin arpa. Las notas de su arpa brotaban de sus labios mientras sus manos gesticulaban la acción de tocar. Tiburcio solo paraba, cuando a las cuerdas de su arpa se le secaba la garganta.
Se deben acordar.
Que buen arpista aquel Tiburcio. Conozco pocas personas con ese don. Me imagino a las tías bailando. Solo tenían que darle al arpista unos tragos y la fiesta estaba garantizada.
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